El retumbo vibratorio de la perforadora de alta presión hacía temblar las paredes de piedra calcárea de la cueva inferior. Una fina capa de polvo blanco caía de las estalactitas, depositándose sobre las fundas de plástico transparente con las que habíamos cubierto la mesa de muestras.
—¡Corta el flujo de aire, Kaan! —le grité al jefe de máquinas, señalando el manómetro de la plataforma—. ¡La presión del cabezal está en seis bares! Si sigues empujando a esa velocidad, vas a quemar la broca de tu