Mientras contemplaba las coordenadas GPS verdes que parpadeaban en la pantalla, el único sonido que resonaba en el laboratorio era el zumbido monótono del ventilador de refrigeración.
—Nos está dando literalmente su dirección de casa —dije, empujando mi silla hacia atrás—. Es una trampa. Y de las más burdas, de esas que gritan a voces que están ahí.
Damien contempló los números en la pantalla con expresión neutra. No había ira ni sorpresa en su rostro, solo un cálculo glacial. —Los dos sabemos