Ámbar
—Es un hijo de perra miserable —sigue despotricando Ruth mientras entramos en mi oficina—. Si lo encuentro, lo voy a destripar y usaré sus intestinos para colgarlo de…
—Basta, no harás nada hasta que hable con él —la interrumpo—. No quiero que tenga tiempo de inventarse nada.
—Por fin, hermana, por fin vas a ver la luz.
—Tengo que hablar con Mía, ya no puedo esperar más —respondo—. Quiero saber todo lo que Joshua me ha estado ocultando. ¿Cómo puede venir a decirme lo que tengo que hacer