La tarde en la estación 314 era sofocante, pero el calor ambiental no era nada comparado con el que emanaba de los vestidores. Isabella estaba a punto de lanzarle otra réplica mordaz a Gabriel cuando un estruendo de metal chocando contra el suelo y un grito de furia pura los hizo saltar.
—¡TE VOY A MATAR, MALDITO DESLEAL! —rugió la voz de Nicolás Petrova.
Isabella y Gabriel corrieron hacia el hangar, seguidos por Emma y Mía, que salieron de la ambulancia alarmadas. En el centro del taller, Nico