La mañana siguiente en la casa Calvelli fue una tortura de silencios y miradas cortantes. Isabella intentó salir temprano para evitar a Gabriel, pero él ya la esperaba en la puerta con las llaves en la mano y una expresión que no aceptaba réplicas.
—No voy a ir contigo —sentenció ella, tratando de esquivarlo.
—No tienes opción, Bella —respondió Gabriel con voz ronca pero firme—. O subes por tu cuenta o te subo yo, y ya sabes que no tengo problema en hacerlo frente a los vecinos.
Lucas, que obse