La mañana del alta médica en el hospital de Thalassa se sentía como el primer día de una nueva vida. El sol entraba con fuerza por la ventana de la habitación 402, iluminando las motas de polvo que bailaban en el aire. Isabella estaba sentada en el borde de la cama, todavía un poco pálida y con un pequeño apósito en la sien, pero con una chispa en los ojos que me devolvía el alma al cuerpo.
Me acerqué a ella con una bolsa de ropa limpia que Luca