Mundo ficciónIniciar sesiónLlegamos a la villa y el aire fresco de la montaña me golpeó la cara, pero no me trajo el alivio que necesitaba. Entramos en la casa y todo seguía igual. Los juguetes de Dominic esparcidos por la sala, la calma de un hogar que ignoraba la guerra que se libraba en nuestro interior.
Isabella subió las escaleras sin decir nada, directo a nuestra habitación. Yo me quedé abajo, en la sala, mirando







