Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella me miró. Sus ojos ámbar estaban nublados por el cansancio, pero había algo en ellos que me hizo estremecer: una determinación que no conocía límites. Se levantó sin decir nada y salió de la consulta, dejándome a solas con el hombre que sostenía nuestras vidas en sus manos.
Cuando la puerta se cerró, el silencio se volvió aún más







