Mundo ficciónIniciar sesiónElla se quedó en silencio, mirándome con una tristeza infinita. El reloj de la mesilla marcaba las tres de la mañana. En pocas horas, la ambulancia privada vendría a buscarnos.
—Gabriel —dijo ella, su voz ahora era un hilo de seda—. Sé que no eres un santo. Eres un bombero. Has entrado en edificios que se caían a pedazos para sacar a desconocidos. Has arriesgado tu vida mil







