—Hablo de que Isabella Carrington es mi mujer —solté, y sentí como si un peso de mil toneladas se levantara de mis hombros—. Es mi novia. Es la mujer que amo y la única razón por la que sigo aguantando este maldito uniforme cada día. Así que no, no me voy a ir. Me voy a quedar aquí hasta que abra los ojos y me mande al infierno si quiere, pero lo hará frente a mí. Y tú te vas a largar de este hospital ahora mismo, porque no permito que ningún extraño merodee cerca de lo que es mío.<