El lobo, después de olfatearla, restregó su hocico por la cara de Loite. Esa loba no iba a permitir que la tocara. Se echó hacia atrás y Sira logró tomar el control; completamente desnuda, gritó:
—¡Lobo sanguinario, tú no me tocas! ¡Prefiero morir antes que ser tocada por manos ensangrentadas!
El lobo le cedió el control a su humano, quien quedó maravillado ante la belleza de mujer frente a él. Su larga cabellera rubia que le llegaba a la cintura, esos ojos verdes que hacían contraste con su ro