—Señorita, yo soy de la manada Coral —pronunció con la voz temblorosa—. Escapé de ahí para buscar ayuda para mi familia.
—¿Por qué huiste de tu manada?
Ángela bajó la mirada, sus manos temblando ligeramente. Después de unos segundos, continuó:
—Hace ocho meses, vivíamos tranquilos, un día se descubrió que en la montaña detrás de nuestra manada había oro. Eso fue nuestra desgracia. —Su voz se quebró y comenzó a sollozar, cubriéndose el rostro con las manos—. Después aparecieron mercenarios y nos