Al día siguiente, después de asegurarse de que la pequeña aldea estuviera en orden, Sira se preparó. Buscó su traje de guerrera, ajustó su espada a la espalda, decidida a no dejarse intimidar. Reunió a sus hombres y partieron hacia Yare.
En la ciudad, la gente se sorprendía al ver los carros negros que entraban y se dirigían hacia la casa destinada para reuniones entre alfas. Cuando llegaron, Dilan la guio siguiendo las indicaciones que Angela le había dado el día anterior. En la carta, Sira ha