Capítulo 60

Clemente, pálido y derrotado bajo la cabeza, sabía que no tenía escapatoria. Con un suspiro ahogado, se rindió.

—Su majestad, piedad con estos ancianos, ahora sin autoridad. ¿Qué podemos hacer unos viejos lobos contra la reina? Solo le pedimos que nos deje vivir, juramos que no escuchara de nosotros.

Aradne soltó una carcajada que resonó en el aire, haciendo que los ancianos se encogieran aún más de miedo.

—Ahora sí soy su reina. Para que vean que tengo corazón, los dejaré vivir como simples lo
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