La oscuridad empezaba a envolver el cielo, todo en Corinto empezaba llegar a la plaza central a esperar la llegada de los guerreros. La multitud se agolpaba, ansiosa por asegurarse los mejores lugares cerca de la tarima. Los ancianos, con semblantes autoritarios, observaban desde la distancia, acompañados de algunos alfas que habían permanecido para proteger la ciudad. Entre ellos también estaba Mara.
El murmullo del gentío se transformó en un rugido cuando los guerreros hicieron su entrada. La