—Vamos a mi despacho —dijo Aradne con el corazón comprimido, y Gedeón y Jonas la siguieron. Justo en ese momento, Emma, Sira y Lucio llegaron, uniéndose al grupo en silencio mientras caminaban hacia la oficina.
Al entrar Aradne rodeó el escritorio y se dejó caer pesadamente en la silla. Con una mirada fría y calculadora, preguntó.
—Jonas, ¿por qué Cleo y Eiden estaban solos? Se suponía que tú y Ascher los cuidaban.
Jonás, no dejaba de maldecir en su interior por no haber sido más precavido y ha