Con la caída de la noche, las tropas finalmente llegaron al campamento, agotadas por el largo viaje. Apenas comenzaban a instalarse cuando un estruendo ensordecedor rompió la tranquilidad. En un instante, grandes explosiones de granadas sacudieron el suelo, y el campamento se convirtió en un infierno de llamas y polvo. Las tiendas ardían mientras la desesperación se apoderaba de los hombres, que corrían envueltos en llamas.
—¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Ayuda! —clamaban los heridos con una desgarradora voz