—¡No puedo! ¡Te necesito y tú me necesitas! —Como un lobo hambriento, acercó sus labios a los de ella. Con su mano derecha rodeó su cintura, mientras que con la otra mano sostuvo firmemente su nuca. Se inclinó y cargado de deseo la besó, sintiendo la calidez de sus labios. Con su lengua, buscó entrar en su boca.
Aradne estaba aturdida. Abrió la boca, y sus labios se encontraron en una danza ansiosa y desesperada, explorándose mutuamente con urgencia. Sus respiraciones se entrecortaban, y sus sus