El sacerdote tomó a la mujer, que se había desvanecido en la puerta de la catedral, el anciano como pudo coloco a Emilia en una de las habitaciones de la catedral, y preparo una pequeña cama para Juliano también pudiese descansar, él ansiando abrió la bolsa, consideraba que aquel dentro de la bolsa era alguna ofrenda para obispo de la catedral.
El anciano abrió la bolsa negra, y vio dentro de la misma la cabeza de Lía, que lo miraba, con terror, el anciano vomito al instante, se tambaleó hasta