Mundo de ficçãoIniciar sessãoLas guerras pequeñas son las más brutales porque cada bala tiene nombre y cada muerte tiene rostro.
Diego Valentín Cortés lo supo a las 6:02 de la mañana, cuando el sonido de los rotores rasgó el silencio del amanecer corso como una sierra eléctrica atravesando seda. Estaba en la sala de operaciones improvisada de Villa La Meridiana, revisando los monitores de seguridad junto a Marcus Tang, cuando Sophie irrumpió desde la torre de







