Mundo ficciónIniciar sesiónCuando el diablo te ofrece protección, no preguntas el precio hasta que ya firmaste con sangre.
Diego Cortés lo supo a las 23:14, cuando Marcus Tang ordenó arrastrar al prisionero de Ashford al jardín de Villa La Meridiana y atarlo a una silla de hierro forjado que minutos antes había sido parte de un escenario idílico de paz mediterránea. El hombre sangraba por la nariz y tenía el labio partido, cortesía de Chen Wu, el ope







