Kereem encendió el puro y dejó que el humo saliera de su boca cuando vio el amanecer frente a sus ojos. El cuerpo de Zahar yacía en la cama completamente dormida, y podía jurar que agotada.
Él mismo lo estaba.
Soltó el aire pensando en todo, pero en ninguno de sus pensamientos faltaba ella.
Habían estado juntos toda la bendita noche y madrugada, cada vez que se fundía en ella, pensaba que estaría satisfecho, pero volvía a estar sediento.
Asad le había avisado por el teléfono de la suite, que Em