Zahar se aferró a la chaqueta cuando las palabras de la mujer resonaban en su mente.
«¿Embarazada?»
La idea la golpeó como un rayo. Todo cobró sentido de repente: los mareos, el malestar estomacal, el dolor repentino en su vientre. El cambio emocional, sobre todo eso… Pero, ¿cómo podía ser posible? ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Las lágrimas seguían cayendo, y otra punzada atreves su vientre.
Lo estaba perdiendo.
Los sollozos desgarraron su garganta de manera cruel, y la mujer, viendo la