CAPÍTULO 67 AMOR Y REDENCIÓN
Zahar…
No sé cuánto tiempo había pasado, podían haber sido horas o minutos, no importaba. El cuerpo me ardía, cada músculo temblaba, mis labios estaban hinchados de tanto besarlo, y mi garganta seca de tanto gemir. Estaba exhausta, rendida contra las sábanas frías, pero Kereem seguía allí, rodeándome, marcándome con cada roce y con cada respiración.
Su brazo pesado descansaba sobre mi cintura, pero su mano no dejaba de moverse. Primero acariciaba mi vientre, luego s