CAPÍTULO 62 AMOR Y REDENCIÓN
Zahar…
El aire estaba impregnado de incienso dulce y flores frescas, y el murmullo del público se convirtió en un silencio expectante que me erizó la piel como si hasta los muros del palacio entendieran la magnitud de lo que estaba a punto de suceder. Un aire frío me recorrió la piel desnuda de los brazos, haciéndome estremecer. No sé si fue el clima, la ansiedad o el simple peso de la mirada de todos los presentes.
Así que mis manos buscaron instintivamente el braz