CAPÍTULO 61 AMOR Y REDENCIÓN
Zahar…
El amanecer llegó con un silencio extraño, casi solemne, roto solo por los pasos apresurados de las mujeres que entraban y salían de la habitación. Me desperté con un quejido bajo, con mis músculos protestando como si hubiera librado una batalla. El cuello me ardía en varios puntos, la espalda dolía y entre mis muslos quedaba el eco brutal de lo que había pasado la noche anterior. El recuerdo me arrancó un suspiro, y mis ojos parpadearon de forma lenta tománd