Kereem parpadeó varias veces sintiendo como su anatomía palpitaba y se restregó los ojos rápidamente.
Él, junto a Zahar estaba en la cama totalmente desnudos, mientras ella tenía sus piernas enredadas en las de él.
Se giró un poco para tomar su teléfono que estaba en silencio, y comprobó que eran las ocho de la mañana. Se sentó de golpe y deslizó su dedo para ver al menos veinte llamadas de Sanem y otras más de Naim.
Le envió un mensaje rápidamente a Asad para saber si había pasado, pero su jef