Kereem miró al hombre que de ante mano ya estaba golpeado, y metió las manos que le picaban en los bolsillos.
—Tienes unos minutos… pero antes necesito que sepas, que no me importa si es mujer o niño… adulto o anciano… toda tu familia se irá al infierno…
La mandíbula del hombre tembló, mientras los hilos de sangre salían de su boca.
—Yo… nunca podré darle un nombre señor… quien está detrás de esto, nunca se da a conocer… nosotros solo actuamos por mensajeros, y esto que hicimos… —el hombre llor