CAPÍTULO 45 AMOR Y REDENCIÓN
Kereem…
No sabía cómo aún tenía fuerza en las piernas, no sabía cómo seguía respirando, solo recordaba el último gemido de Zahar, su sangre caliente en mis manos, su voz rota diciendo “salta”… y el maldit* frío del mar recibiéndome como un cuchillo en la garganta.
Pero ya estábamos en tierra, y eso era todo lo que podía permitirme procesar.
Asad jadeaba a mi lado. Llevaba el brazo herido, cubierto con una tela improvisada, empapada en sangre y yo temblaba. No sé si