CAPÍTULO 46 AMOR Y REDENCIÓN
Kereem…
Pasamos la noche en aquella casa como dos fantasmas heridos.
La noche fue larga, no por el tiempo, sino por la espera. El reloj marcaba las horas en silencio, pero mi alma gritaba a cada segundo.
Asad dormía en el suelo sobre una alfombra vieja con el brazo vendado. La familia que nos había acogido se quedó despierta, muy nerviosa, pero sin interferir. La mujer nos dejó un poco de comida tibia sobre la mesa, pero no la toqué, solo me senté en la oscuridad, co