—Entonces todo resuelto… —Naim lo dijo, había un silencio raro en Kereem, que apartó los ojos de Zahar y soltó otro botón de su camisa.
Sanem ordenó que se sirviera la comida, pero los ojos de Kereem volvieron a su primo Emré.
Él seguía compartiéndole algo, mientras Zahar le miraba atentamente.
—¿Debemos preocuparnos mucho por la situación de salud? —Janna preguntó y Kereem escuchó que Sanem respondió algo, pero su mente se estaba distorsionando un poco.
Miró a Zahar de frente, vio cómo ella ll