—¿No pasa por aquí cada vez que sale del palacio? —Bakir negó cuando su jefe, Aziz Olayan, preguntó en dirección de una maqueta.
—No… A diferencia de Saad, este hombre es demasiado desconfiado. Siempre toma caminos diferentes, acaba de remover a todos los ministros de su asamblea, y aunque dejó al relacionista público, no podemos confiarnos del todo de Malih. Ya sabe, señor, él solo piensa que está ayudando a su Emir. Y confió como un pendejo.
Aziz se sentó en su silla giratoria y le dio una ca