Zahar se mantuvo firme ante la mirada intensa de Kereem. Aunque su presencia en la habitación de Sanem no estaba justificada, no demostró señales de culpabilidad. En lugar de eso, enfrentó la furia en los ojos del jeque con determinación, mientras él se levantaba y caminaba en largas zancadas hacia ella.
—Repito… ¿Qué haces aquí?
Zahar se quedó firme y miró a Sanem, pero esta le quitó la mirada, así que volvió a él.
—La señora Sanem se veía enferma, comenzó a vomitar y…
La mano de Kereem tomó s