Zahar…
No necesitaba verlo para sentirlo. Su presencia era como una marea en el aire, que se colaba entre los cuerpos y me golpeaba el pecho antes siquiera de girarme. Y cuando lo hice… cuando lo vi frente a mí, supe que algo en mi columna vertebral se rompió.
Era él, pero también era otra cosa, una sombra más densa. Un hombre contenido y una furia silente bajo una piel perfecta.
Cuando nuestros ojos se encontraron, no hubo tregua y entonces lo hizo.
Lo vi mover los labios, no con brusquedad, s