Leo se puso de pie, levantándose de la silla con una gracia lenta y deliberada. Dio un paso hacia ella, su presencia llenaba la habitación, sus ojos fijos en los de ella. —¿Sin opción? —repitió, con voz suave y burlona—. Te di un día para decidir. Esperaste hasta el último minuto, y ahora estás aquí… rompiendo mis reglas.
Sintió que el corazón se le aceleraba mientras él acortaba la distancia entre ellos, su mirada como fuego sobre su piel. Se le cortó la respiración, pero no cedió. No podía. —