—Leo… —susurró Susan, apenas reconociendo su propia voz.
—Suzy —respondió él con una sonrisa pícara, y la besó de nuevo.
Su corazón aún latía con fuerza por el esfuerzo del beso anterior. Su cuerpo ardía. El de él también. En ese momento, Susan simplemente no pudo resistirse. Sus brazos se alzaron automáticamente y lo rodearon de nuevo por el cuello, devolviéndole el beso con igual fervor.
Leo aprovechó rápidamente su rendición a su seductora sensualidad, transformando el beso en uno de pasión