Leonard Spencer había conocido a mucha gente en sus treinta y tres años, y en su profesión, ya nada le sorprendía ni le intrigaba demasiado. La gente lo respetaba… En realidad, la mayoría le tenía miedo, y a él no le importaba.Sabían de lo que era capaz cuando se lo proponía, así que intentaban no molestarlo, pero era evidente que aquella mujer que tenía delante no lo conocía lo suficiente, y por alguna razón que no terminaba de comprender, le intrigaba. Tenía el pelo largo y rubio… Fue lo primero que notó al verla. Le recordaba a las muñecas Barbie con las que jugaban sus primos de pequeños, de ahí que no pudiera dejar de llamarla Barbie. Llevaba el pelo recogido en una coleta, igual que la última vez, lo que resaltaba sus rasgos faciales y su bonito cuello, aunque Leo tenía la sensación de que no era esa su intención cuando se recogía el pelo así.Su piel parecía suave y su maquillaje era ligero. Solo llevaba polvos, sombra de ojos y brillo de labios, pero aun así se fijó en sus la
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