Susan contuvo la respiración, su pulso se aceleró. Sentía que su determinación flaqueaba, el miedo por su hermano se cernía sobre ella como una sombra. Pero había algo más: algo en la crueldad indiferente de Leo que la aterrorizaba y la intrigaba a la vez. Era peligroso de una manera que le daban ganas de huir, pero no podía evitar que su corazón se acelerara cada vez que estaba cerca.
—No —dijo con la voz quebrada—. No puedes pedirme que haga esto.
La sonrisa de Leo se suavizó, casi como si en