—¿Tan pronto? —preguntó con voz suave como el terciopelo, aunque con un matiz de desafío. Su mirada se posó en la de ella, buscando, poniendo a prueba.
Ella sostuvo su mirada fijamente. —Sí —respondió, con un tono ligero pero firme—. Ya que es evidente que no tienes nada más que decir...
Él arqueó una ceja, su sonrisa se acentuó y, por un instante, pareció que intentaría detenerla, persuadirla para que se quedara, para extender ese hechizo que lanzaba con tanta facilidad. Pero en lugar de eso, s