Susan se giró lentamente para mirarlo, con el corazón latiéndole con fuerza. Sus ojos eran oscuros, fijos en los de ella, y la tensión entre ellos resurgió con fuerza, crepitando en el aire como electricidad. Estaba demasiado cerca; lo suficientemente cerca como para sentir su aliento en la piel, oler el tenue aroma a whisky y algo más oscuro, algo peligroso.
Susan asintió, con la garganta anudada, incapaz de articular palabra. No confiaba en su voz, no confiaba en sí misma para hablar sin dela