El GPS informa que he llegado a mi destino, miro por la ventanilla el establecimiento y no parece para nada un consultorio psiquiátrico. De todas maneras me bajo y me coloco los lentes de sol, Dani inspecciona el perímetro. Ya en la acera aliso mi vestido, arreglo mi cabello y toco la puerta, una mujer de mediana edad que carece de curvas y se le visualizan ciertas canas me mira de arriba hacia abajo y viceversa con fastidio.
— ¿Qué quiere? — pregunta malhumorada.
— Busco al Dr. Bemus Pappas.