El viento sobre la Grieta del Dragón soplaba con una furia helada que amenazaba con arrancar la carne de los huesos.
Abajo, a cientos de metros de profundidad entre las paredes de granito y hielo milenario, el abismo se perdía en una oscuridad insondable donde el río congelado crujía de forma amenazante. Cruzando esa fosa mortal se erigía el gran puente de cristal negro y hierro fundido, una pasarela angosta de apenas tres metros de ancho que conectaba la meseta de la montaña con los portones p