El sol de la tarde filtraba sus rayos a través de la frondosa copa del Gran Roble Blanco, situado en la colina central del Valle Aethelgard. Veinte años habían transcurrido desde que las cenizas de la guerra y la brujería del hielo cubrieran el continente, y la tierra que una vez albergó ruinas y dolor era ahora el corazón palpitante de la Gran Alianza.
Las mariposas doradas, atraídas por la marea sutil de magia celestial que flotaba en el aire, revoloteaban entre las flores silvestres de tallos