El día de la gran unificación amaneció bajo un cielo despejado de un azul cristalino. El sol mañanero bañaba la capital de MoonBlood con una luz cálida y radiante, reflejándose en las cúpulas de mármol y en las aguas tranquilas del río que cruzaba la ciudad.
Por primera vez en la historia del continente, representantes de todas las naciones conocidas compartían un mismo recinto en completa paz. En las grandes avenidas y los jardines reales del palacio, los nobles en sedas de gala conversaban de