El aire en la superficie de la Grieta del Dragón no olía a escarcha, sino a azufre, sangre y humo denso.
Al emerger de las galerías subterráneas por una boca de mina oculta entre las rocas del flanco este, Kaelia y Darek se encontraron con un escenario dantesco. La batalla campal iniciada en la entrada de la garganta se había extendido por toda la meseta. Los trescientos guerreros de la alianza, atrincherados tras un muro provisional de escudos y estacas de hierro, sostenían con una tenacidad s