Las calles de la capital de MoonBlood latían con una festividad desbordante. Cintas de seda dorada y azul colgaban de los balcones de piedra, los arcos de entrada lucían guirnaldas de flores de invierno y el aroma a pan recién horneado y especias dulces perfumaba el aire de las plazas. La noticia de la inminente boda de unión entre la Señora de Obsidian y el Rey Alfa se había convertido en el símbolo supremo del renacer de un continente entero.
Sin embargo, en medio del bullicio de los preparat