Semir no soltó mi mano de inmediato.
El contacto duró apenas unos segundos más de lo necesario… pero fue suficiente; no requería de mucho contacto para empaparme de él.
Firme. Masculino.
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral.
—Encantada —dije, sin mostrar demasiada importancia.
—Igualmente, señorita.
Él soltó mi mano y se dirigió hacia la ventana, con las manos en los bolsillos. Desde ahí, la ciudad se extendía imponente bajo sus pies.
—Espero que sea competente para el puesto. ¿Cómo dice