Salimos pasada la una de la tarde de la textilería. Javier me invitó a comer, alegando que habíamos trabajado como nunca. No me negué; no había probado bocado desde el yate.
Javier habló sin parar: bocetos, detalles, proyecciones… Grupo Olvera en cada frase. Yo apenas escuchaba.
Cuando estábamos por irnos, Iñaki y Olivia aparecieron. Reían… o eso parecía. Había algo en esos dos que no me agradaba. Y no era porque ella fuera la ex de mi marido ni porque él fuera un reportero con ínfulas cultural