Al salir de Grupo Olvera era casi mediodía. Decidí dirigirme a mi escondrijo personal.
Pero antes, me desvié un momento para visitar a mis niños del centro de acogida.
Me recibió la madre Teresa, con esa amabilidad serena que siempre la caracterizaba.
Hacía más de un mes que no visitaba el orfanato.
Todo seguía igual.
Tal como lo recordaba.
La infraestructura, deteriorada.
Siempre a falta de recursos básicos.
A veces me preguntaba…
¿A dónde iban a parar las grandes cantidades de esterlina que s