Me alejé de mi marido para darle el espacio que necesitaba. Al fin y al cabo, él y Olivia lo requerían.
El corazón me latía con violencia… pero mantuve la compostura. Tarde o temprano, el pasado siempre te alcanza. Solo hay dos opciones: lo enfrentas… o te doblegas.
Subí hasta la habitación.
¿Enfadada? No lo sé… ¿melancólica? Tampoco. No tenía la más remota idea. Dentro de mí habitaba una sensación agridulce, confusa. La vida parecía ensañarse conmigo de una forma que aún no lograba comprender.